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Y COMO TODO LO DOMINICANO, REQUIERE DEL TRABAJO COLECTIVO DE SU GENTE PARA ECHAR PA’LANTE.

El hip-hop es la manifestación cultural de mayor trascendencia global entre las que produce y exporta Estados Unidos. Específicamente, de las que ha creado la diáspora afrodescendiente, que además ha dado al mundo el jazz, la electrónica, el funk, el techno y el rock, entre tantos otros. Pero de todos, ninguno como el hip-hop. Un fenómeno en el más estricto sentido de la palabra, que impacta la música, la estética y las políticas sociales de casi todos los países del mapa y articula las voces de grupos marginados en todo el globo. Maleable, se ha adaptado a múltiples culturas, condiciones socioeconómicas y políticas locales, y es, sin contradicción, global y local, universal y particular.

Si bien es cierto que hay quienes simplemente consumen los elementos del hip-hop sin asumirlo -los posers también son universales-, la norma es que el movimiento se integre a la situación local de quien lo disfruta, amplificando las voces marginadas por las narrativas dominantes y creando una comunidad transglobal de fans, artistas y mensajes.

El hip-hop sacó cédula dominicana en la década de los 90, naturalizándose rápidamente y ayudando a asentar el macrogénero de la música urbana, el cual incluye también al merengue de calle, al reggaeton, al dembow y al trap, todos alimentados de alguna manera por el hiphop. El artista, productor y figura de la radio y la tv Charlie Valens describe la música urbana como “la esencia y vivencia del barrio vueltas expresión musical. El trap es el rey indiscutible en la actualidad y nacionalmente el dembow es el dueño de las discotecas, calles y avenidas”. Entonces, si el hip-hop es el precedente común de los géneros que ahora dominan las emisoras y los escenarios, ¿por qué ha quedado rezagado?

"LA ESENCIA Y VIVENCIA DEL BARRIO VUELTAS EXPRESIÓN MUSICAL"

“Aquí hay una desorganización grandísima” sentenció Gilberto Martínez “Ovni”, pionero del género junto al colectivo Cooperativa Empresarial Lo Correcto. Ovni dice que “el artista debe hacer su diligencias, registrar sus canciones, tocar puertas en los medios de comunicación, buscar escenarios nuevos, hacer alianzas estratégicas con otros artistas y no asumir “la tiradera” como una afrenta personal, sino como parte del espectáculo.”
Ovni habla de la importancia de hacer del hip hop un negocio rentable y sostenible: “no podemos crear por amor al arte, porque hacer hip-hop es un trabajo y el primero que debe valorarlo como tal es el artista, pues sin una retribución, lo que queda es resentimiento por el género.”

El rapero contemporáneo AcentOh señala que la falta de educación, banalidad y la desorganización de la misma cultura dominicana se reflejan en el hip-hop,y que los problemas del género son los mismos problemas que tenemos como sociedad: “las carencias del hip hop degeneraron en esos otros géneros urbanos, y la razón por la que se popularizaron es porque los artistas del dembow o del trap no tienen miedo de tocar puertas, entretener al público, hacer música popular, divertida, masiva. Los artistas de hip-hop crearon una especie de club que además de ser poco atractivo, es difícil de acceder”.

Como ya el hip-hop es un expresión cultural dominicana más, una que sabe unificar la experiencia local de nuestras juventudes urbanas a las del resto del globo, merece ser asumido desde una actitud de mejora, conservación y ampliación, usando el negocio para impulsar el arte, y no dejando que el arte sea diluido por el consumismo cultural. Tanto los artistas como los fans deben abogar por el rescate de los mensajes coherentes y reflexivos, y la maestría técnica y artística, utilizando los recursos de la tecnología y la comunicación para democratizar esta manifestación artística tan importante, especialmente para las comunidades de la diáspora africana. En un ecosistema plagado de ruido, la voz conciente del hip-hop es cada vez más necesaria.


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Vamos a empezar esto desde el principio, porque aunque no sepamos con exactitud los orígenes; según Flérida de Nolasco quien inventó el merengue fue alguien conocido como “Alfonseca”. Pero como ya también había dicho en su momento Julio Alberto Hernández, este origen y aparición se pierde en las brumas del pasado. Se sabe que el género proviene de una música cubana llamada UPA, una de cuyas partes se llamaba me-rengue y que luego de pasar a Puerto Rico llegó a República Dominicana.
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Entrevista

Gioel “El Abuelo”

La sombra del Framboyán, es la primera producción de Gioel “El Abuelo”, en la que recoge las experiencias de más de una década dedicada a las tradiciones musicales dominicanas: “pienso que todo arte debe tener una conexión histórica, y yo siento ese vínculo ancestral con la música de esta isla, por eso creo desde mis raíces caribeñas.”
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